Desde Academia Cruellas, en Fraga, vamos a analizar cual era la situación económica en diferentes países europeos. A partir de 1873 Europa experimenta un retroceso económico. Ahora bien, las diferencias entre los Estados eran abismales. Mientras observamos un crecimiento inusitado en los productos industriales, también observamos una crisis general en la agricultura. En la industria, gracias al progreso de la técnica, este crecimiento fue espectacular en la metalúrgica, y en la química. Es en estos sectores donde exigían grandes inversiones de capital donde observamos las primeras concentraciones de empresas, y donde surgen los primeros cárteles.

La agricultura, como ya hemos comentado, se resintió ya que los progresos hechos en los medios de transporte y la baja de los precios de los fletes facilitaban la llegada a Europa central de los productos procedentes de los Estados Unidos, de América del Sur o de Rusia. La crisis agrícola que padeció Alemania se extendió a Francia a partir de 1880 y posteriormente a Gran Bretaña. Como ya comentaremos en otra entrada, Gran Bretaña importaba la carne de Argentina y Australia. Todo ello fue posible gracias a los avances en los procedimientos frigoríficos. Esto plantó diferentes problemas a los gobiernos, y cada uno de ellos ofreció diferentes respuestas. Así Gran Bretaña que seguía fiel al librecambio aceptó perder su agricultura a cambio de contar con el mercado mundial para abastecerse de alimentos. Los otros Estados buscaron asegurar a sus productores agrícolas, y también industrial una protección contra la competencia extranjera.

Esta vuelta al proteccionismo reanudó las rivalidades económicas entre los países ya que algunos las consideraban como un arma de combate para defenderse de los otros. Ahora bien, en parte fue atenuado por los convenios bilaterales. Es un momento donde el nacionalismo económico va de la mano del nacionalismo político. Una pregunta al margen, ¿está ocurriendo lo mismo en Europa en estos momentos de turbulencias?

La paz alemana es la causa de este renacer del nacionalismo político. La anexión de Alsacia y Lorena fue considerado en Europa como una ofensa a la propia sociedad europea (sobre todo en Gran Bretaña y en Italia). Además, pervivía en la mentalidad colectiva la idea de que sólo si se poseía y se mostraba la fuerza, el Estado sería respetado por otros Estados vecinos. Esto no hacía más que encender los ánimos y los rencores contra Alemania, pero también en el interior de Alemania conscientes como eran de las envidias que despertaban, temían que se formase una coalición internacional contra ellos. También es verdad, que dentro de este clima de tensión contenida, existían pacifistas, pero su influencia era escasa en la población de cada uno de los países, ya que muchas de las ideas que propugnaban eran consideradas como utópicas.

Francia perdió durante este periodo su papel preponderante que había tenido en Europa, y más después de la derrota de 1870-71. Esto originó un crecimiento del fervor patriótico, ya que en la prensa, en la política e incluso en los discursos dominicales de los alcaldes siempre se citaba el deseo de recuperar las dos provincias perdidas.

Rusia no desempeñaba ningún papel activo en la vida internacional, explicable en parte por el retraso potencial que sufría respecto a otras naciones. También es verdad que no experimento  ni xenofobia ni imperialismo con respecto a otros estados europeos.

Austria-Hungría seguía condicionada por su inestabilidad interna, a pesar del reparto y de la asociación establecida entre Austria y Hungría.

Italia, en 1870, acababa de establecer su capital en Roma pero no había terminado todavía su unidad nacional.

Sin lugar a dudas, era Gran Bretaña la que debido a su economía era una potencia hegemónica. El punto de vista británico era mundial. Pero tampoco podía desinteresarse del continente, donde temía ver una hegemonía alemana.  Ahora bien, no la consideraba lo suficientemente peligrosa, y por lo tanto, el gobierno inglés se propuso resolver los problemas cuando estos se plantearan.

En todos estos estados europeos, la preocupación central de los políticos era las relaciones con el Imperio alemán, y más concretamente hacia Bismarck. Bismarck, por su parte, intentó aislar a Francia, para evitar coaliciones contra el Imperio alemán. Para prevenir este riesgo, la diplomacia alemana se dedicó a tranquilizar a Austria-Hungría y a Rusia. Al mismo tiempo había de evitar un conflicto austro-ruso porque dicho conflicto podía ofrecer a Francia la ocasión para encontrar aliados contra Alemania. Por ello, la mejor solución era establecer un acuerdo entre los tres grandes imperios. Sentar en el mismo tratado a dos rivales, como eran Austria-Hungría y Rusia, para de esta forma vigilar sus movimientos y frenarlos si era necesario. Todo esto lo llevó a cabo Bismarck, y se plasmó en 1873 con la firma de dos acuerdos, uno germano-ruso y el otro austro-ruso, con la adhesión de Alemania, siendo esta la primera manifestación de la entente de los tres Emperadores.

En este sistema la preocupación era eminentemente continental, ya que para Bismarck, todo lo que sucedía fuera de Europa no tenía mayor valor si no le permitía consolidar todo este sistema continental.

Por lo tanto, esta era la situación continental a finales del siglo XIX, con Bismarck “cocinando” toda una serie de acuerdos para evitar una formación de una coalición contra Alemania.

Escrito por Oscar Cruellas

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