Desde Academia Cruellas vamos a tratar el tema de los fenicios. ¿Quienes eran los fenicios? Para los griegos de los tiempos de Homero, los fenicios eran los habitantes de las ciudades costeras del actual Líbano, y se habían hecho famosos por sus actividades mercantiles y artesanales. Ahora bien, hay multitud de consideraciones al respecto que no vamos a tratar ya que nos podríamos eternizar. La paradoja esencial de la cuestión fenicia es que, pese a su papel civilizador, al crear y difundir el sistema de la escritura alfabética en el que hoy todavía seguimos basando nuestro medio fundamental de comunicación, lo conservado de sus escritos es muy fragmentario o procede de versiones muy distantes de los originales.

En Fenicia, y en sus colonias occidentales se escribió mucho y sobre todas las cuestiones. En Biblos, uno de los centros fenicios más arcaicos, pudo inventarse la escritura alfabética y su prestigio en este campo ha perdurado a través del griego, en el nombre del libro por excelencia, la Biblia. En Tiro existía un auténtico tesoro documental. Ahora bien, esta carencia documental sólo puede cubrirse con los datos arqueológicos. Las grandes metrópolis de Fenicia han podido ser excavadas parcialmente y de forma irregular; la atracción por los hallazgos funerarios hace que se conozcan mejor los cementerios que las ciudades, y éstas fueron muy alteradas en época romana y siguen hoy mayoritariamente habitadas, aparte de que la actual inseguridad en Libia hace imposible cualquier investigación reciente.

La pujanza comercial y marítima de los fenicios podemos afirmar que se consiguió a fines del segundo milenio antes de Cristo. La seguridad del rey de Biblos frente a Egipto y el reconocimiento de la capacidad económica de Tiro en sus tratados con Salomón, hacen referencia a un poder consolidado desde antiguo.

Las nación fenicia no existió nunca como organización política y sólo la proximidad geográfica, la identidad étnica y la comunidad de intereses comerciales permite globalizar en un sentido más amplio el nombre de un país que siempre careció de vocación de Estado. El concepto de ciudad fenicia como unidad política no parece tener grandes variaciones durante la historia fenicia: incluso el que un mismo rey extienda su poder sobre dos ciudades no implica necesariamente que se establezca un gobierno común y que no se mantengan las correspondientes instituciones urbanas.

El sistema de gobierno de las ciudades fenicias tenía siempre a su frente a un rey, al estilo y con las atribuciones habituales en los antiguos países del Próximo Oriente. Se mantiene la figura real como máximo representante de la ciudad y se reconoce el derecho de sucesión hereditaria en el puesto. El rey fenicio suele adoptar los atributos de autoridad sagrada comunes a los monarcas orientales; se le representa sentado en el trono, soportado por figuras aladas (los querubines de la Biblia), que sirve también de asiento a las divinidades y llevan los atributos de éstas. Es también el sumo sacerdote de la divinidad tutelar de la ciudad, y es frecuente que anteponga este título al de la realeza, como si aceptara un origen teocrático de la autoridad y el rey encarnara las funciones de representante divino para justificar su poder.

Escrito por Oscar Cruellas

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