Buenos días desde Academia Cruellas. Hoy centramos nuestro post en un pueblo muy peculiar: los fenicios.

En las antiguas civilizaciones orientales, la política y las instituciones religiosas pueden llegar a ser lo mismo y nunca los podemos entender como poderes independientes. Los dos grandes centros de poder son el Palacio y el Templo. Al mismo tiempo, es muy frecuente que el jefe de ambos sea la misma persona. La sintonía entre las dos instituciones nos indica un buen funcionamiento del sistema. Cuando Salomón quiso dar una nueva imagen arquitectónica de su país, llevó a cabo la reforma del la casa de Dios y la suya propia. En lo poco que conocemos de las ciudades fenicias, parece que sigue el mismo guión: el poder monárquico hereditario coincide con el ejercicio del sacerdocio de la divinidad principal de la ciudad e incluso hay muchos reyes fenicios que anteponen los títulos religiosos a los políticos.

Esta coincidencia de poderes en la misma persona evita muchos conflictos. Ahora bien, no tenemos que perder de vista que en el mundo fenicio el motor fundamental es el poder económico y comercial detentado por una gran cantidad de familias cuya influencia también se nota en la forma del gobierno y en la participación en los actos religiosos.

EL PODER FUERA DE LA CIUDAD

La nación fenicia no existió nunca como una organización política, y sólo la proximidad geográfica, la identidad étnica y la comunidad de intereses comerciales permite globalizar en un sentido más amplio el nombre de un país que nunca quiso convertirse en un Estado. Es difícil saber las interelaciones existentes entre las ciudades por la ausencia de documentos internos, ahora bien, de alguna forma se debería de haber formalizado la dominación. Las ciudades de la costa parecen tener en común en el modo de explotación de la riqueza maderera de las montañas, pero a parte de esto, no sabemos si hubo buen entendimiento, acuerdos,…. Por otro lado, el concepto de ciudad como unidad política no parece tener grandes variaciones a lo largo de la historia fenicia: incluso que un mismo rey extienda su poder sobre dos ciudades no implica que se establezca un gobierno común y que no se mantengan las instituciones urbanas correspondientes.

Cuando Ithobaal asumió el trono de Sidón junto al de Tiro ambas ciudades reconocen durante más de un siglo a la misma dinastía, ahora bien, no hay ningún dato objetivo que justifique pensar en una sumisión de Sidón a Tiro por la violencia, ni podemos afirmar que Sidón dejara de tener una administración autónoma; no hay además ninguna figura institucional ni cargo funcionarias que exceda las competencias exclusivas de la ciudad.

Una situación diferente pudo ser la de los lazos entre las metrópolis fenicias y sus colonias en el Mediterraneo. En Chipre, el gobernador de una ciudad se llamaba siervo de Hiram; los cartagineses mantuvieron durante muchos siglos su tributo anual a Tiro de un décimo de las ganancias comerciales. Ahora bien, tampoco conocemos la forma y los contenidos de unas posibles relaciones institucionales entre ciudad originaria y fundación colonial

LA MONARQUÍA SAGRADA

El sistema de gobierno de las ciudades fenicias tenia siempre a su frente a un rey, al estilo de los antiguos países del Oriente Próximo. Se mantuvo la figura real como máximo representante de la ciudad y se reconoce el derecho de sucesión hereditaria en el puesto. El rey fenicio suele adoptar los atributos de autoridad sagrada comunes a los monarcas orientales; se le representa sentado en el trono, soportado por las figuras aladas (los querubines de la Biblia), que sirve también de asiento a las divinidades y lleva los atributos de éstas. Es también el sumo sacerdote de la divinidad tutelar de la ciudad, y es frecuente que anteponga este título al de la realeza, como si aceptar un origen teocrático de la autoridad y el rey encarnara las funciones de representante divino para justificar su poder. Ithobaal de Tiro, Tabnit de Sidón y Eshmunazar de Sidón se denominan sacerdotes de Astarté, al igual que Ozbaal de Biblos aparece como sacerdote de la señora.

INSTITUCIONES Y CARGOS PÚBLICOS

En el ejercicio directo del poder político observamos la existencia de organismos representativos a través de los cuales la poderosa clase mercantil hacía sentir su influencia en los asuntos de gobierno diario. El poder civil y militar, aunque dependientes del rey, tenían un responsable superior cuyo sistema de nombramiento desconocemos. Otra institución de alto rango era una asamblea o consejo consultivo, cuya opinión debía tenerse en cuenta en los asuntos importantes. Zakerbaal de Biblos reúne a este consejo para estudiar el problema del egipcio Wenamón. En el orden interno su poder debía ser semejante al del propio rey. No podemos establecer el sistema de composición de este consejo; debía de estar integrado por la nobleza comercial denominada en la Biblia príncipes mercaderes o príncipes del mar; a través de sus miembros de mayor edad y respetabilidad.

EL MODELO CARTAGINÉS

A pesar de las duras críticas de los griegos y romanos a sus enemigos púnicos, los antiguos trapacistas reconocían que el sistema político de Cartago era digno del mayor respeto debido a una organización democrática. El primero en expresar este reconocimiento fue Eratóstenes, quien desestimaba la rígida división entre griegos y bárbaros, por el refinamiento en las costumbres de muchos extranjeros y por las instituciones democráticas, verdaderamente admirables, de romanos y cartagineses.

Polibio situaba a los cartagineses dentro de un pequeño grupo de pueblos realmente democráticos en su constitución formal y en su funcionamiento, entre los cuáles estaban los creyentes y los espartanos. Pero es en la Política de Aristóteles donde encontramos las referencias más exactas y detalladas sobre la organización política cartaginesa: “Los cartagineses pasan por tener una buena constitución, superior a otras bajo muchos puntos de vista y semejante sobre todo a la de los espartanos. (…) Muchas instituciones de Cartago son buenas, y es signo de una constitución bien fundada que el elemento popular permanece fiel a la propia organización constitucional y que no haya habido nunca, cosa digna de mención ni una revolución ni un tirano. (…) El rey y el consejo de los ancianos son análogos a los reyes y los ancianos de Esparta, pero la ventaja consiste en que los reyes cartagineses no pertenecen a la misma familia, ni a una familia cualquiera, y si hay una familia superior, son escogidos en ella por elección más que por edad. De hecho, una vez adueñados de poderes considerables, si son insignificantes pueden hacer mucho mal, como lo hicieron ya al Estado espartano”

Al hablar de reyes electivos Aristóteles se debe referir a los sujete o jueces que se conocen por la epigrafía y por otros textos. Estos eran los máximos responsables del gobierno, no poseían nunca una autoridad familiar o hereditaria, pero si son escogidos entre familias con suficiente capacidad económica para que no abusen del poder en su propio beneficio. Los bufetes estaban encargados de la administración jurídica y eran los encargados de convocar al Senado, presidirlo y regular sus sesiones.

El Senado o Consejo de Ancianos era el alto órgano de legislación y deliberación, compuesto por trescientos representantes elegidos entre las principales familias de la ciudad y renovados periódicamente. A ellos les correspondía la supervisión del poder militar, la declaración de la paz y de la guerra, la admisión de embajadores, toda la política exterior y la promulgación de las leyes. Las actividades de los bufetes y del Senado se basaban en propuestas debatidas y acordadas por los dos organismos que, en caso de coincidencia, podían ejecutar las decisiones, pero que si no llegaban al acuerdo estaban obligados a someter la cuestión a las opiniones de la Asamblea del Pueblo.

En la Asamblea participaban posiblemente todos los hombre libres con cierto nivel económico de la ciudad, a partir de una edad que desconocemos, pero no participaban ni los extranjeros ni los esclavos. La eleción de bufetes y jefes militares también recaía sobre la Asamblea, la cual podía tomar decisiones legislativas especiales. Así, cuando Anibal fue elegido sujete, impulsó una cierta revolución democrática al promover en la Asamblea y sin la aprobación del Senado, la transformación de los cargos vitalicios del Consejo del Ciento en anuales.

Aunque la estructura política de Cartago no sea aplicable a lo que desconocemos de la ciudades fenicias, podemos considerar que de ellas procedía el concepto general del poder emanado directamente del pueblo y que este mismo sistema sería el utilizado por las restantes colonias. No existe aquí una superestructura religiosa que confunda sus atribuciones con el poder civil, aunque nunca hay que olvidad una cierta protección divina en los asuntos comerciales y militares. La institución monárquica hereditaria tampoco resultaba necesaria, de forma que es difícil de precisar si el establecimiento original de la colonia por la princesa Dido de Tiro dio origen a una dinastía extinguida en los primeros siglos de su historia, o si la realeza no llegó a existir siquiera con esta categoría, manteniéndose siempre un reconocimiento de prestigio sagrado a la casa real de la propia Tiro.

Escrito por Oscar Cruellas

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