Hoy desde Academia Cruellas, vamos a analizar cual es la situación de los movimientos islamistas en Egipto. Con más de 80 millones de habitantes, Egipto es el país más poblado del mundo árabe y de Oriente Medio y el segundo más poblado de África (después de Nigeria). Los egipcios son un pueblo bastante homogéneo de origen hamítico (pueblos que descienden supuestamente de Ham, hijo de Noah). Aparecen influencias mediterráneas u árabes en el norte y existe cierta mezcla en el sur con los nubios del norte de Sudán. Las minorías étnicas incluyen un pequeño número de árabes beduinos nómadas en los desiertos orientales y occidentales y en el Sinaí, así como en el Alto Egipto.

La Constitución egipcia de 1971 establece un fuerte poder ejecutivo. La autoridad es conferida a un presidente elegido que puede nombrar uno o más vicepresidentes, un primer ministro y un gabinete. El mandato del presidente es de seis años.

LOS HERMANOS MUSULMANES

Los Hermanos Musulmanes no son una organización terrorista. Son, con diferencia, la mayor organización de oposición en Egipto y fuente de inspiración de numerosos grupos de oposición en los mundos árabe e islámico. El objetivo declarado de la organización es inculcar el Corán y la sunnah (la tradición del profeta) como el punto de referencia clave para regular y gobernar la vida de las comunidades y gobiernos musulmanes. Este objetivo básico y fundamental queda reflejado en el eslogan elegido de la organización -“El islam es la solución”-. En otras palabras, los Hermanos Musulmanes predican que los estados musulmanes no deberían seguir ideologías o modelos extranjeros. Deberían seguir, en cambio, el ejemplo del profeta.

Desde su creación en 1928, el movimiento se ha opuesto oficialmente a medios violentos para conseguir sus objetivos. No obstante, el Gobierno egipcio ha acusado frecuentemente a los líderes y seguidores de la organización de promover la violencia e incluso perpetrar ataques contra funcionarios y egipcios inocentes. Los Hermanos Musulmanes se financian con aportaciones de sus miembros, animados a destinar una porción de sus ingresos al movimiento. Algunas de estas aportaciones provienen de miembros que viven en los países ricos en petróleo del golfo Pérsico.

Los Hermanos Musulmanes no son un partido político. Sus líderes y seguidores consideran que su organización es un movimiento que busca islamizar la sociedad egipcia desde abajo hacia arriba. Predican que el islam obliga al hombre a luchar por la justicia social, la erradicación de la pobreza y la corrupción y la libertad política en la medida permitida por las leyes del islam. Los Hermanos Musulmanes se oponen al colonialismo occidental y participaron en la lucha contra la ocupación británica de Egipto.

Hassan al-Banna, profesor de escuela, fundó los Hermanos Musulmanes en la ciudad de Ismailia en 1928. Comenzó como un movimiento religioso, político y social. Al Banna reclamaba la vuelta al “islam original” sosteniendo que las sociedades musulmanas modernas habían sido corrompidas por influencias occidentales. La sharia basada en el Corán y la sunnah eran consideradas como leyes transmitidas por Alá que deberían aplicarse a todos los aspectos de la vida en el Egipto de hoy y en otros estados musulmanes.

En los años 30 y 40, los Hermanos Musulmanes crecieron y se convirtieron en un agente social y político influyente. Para neutralizar el movimiento y refrenar su creciente popularidad, el Gobierno disolvió esta organización y Al Banna fue asesinado. La hermandad apoyó el golpe militar de 1952, pero poco después de que los oficiales tomaran el poder quedó claro que ellos y los Hermanos Musulmanes estaban unidos en su lucha contra la monarquía y la influencia occidental. Sin embargo, los dos bandos tenían visiones opuestas sobre el futuro de Egipto. El presidente Nasser buscaba construir Egipto mo un Estado secular socialista, mientras que los Hermanos Musulmanes querían construir el país como un Estado islámico.

En consecuencia, los Hermanos Musulmanes fueron prohibidos y muchos de sus líderes y seguidores pasaron años en la cárcel y decenas ejecutados.

Después de la muerte de Nasser en 1970, su sucesor, Anuar el Sadat, buscó contrarrestar los partidos nasseristas y de izquierdas apelando a los sentimientos islámicos. Muchos de los miembros de la organización fueron liberados de las cárceles y a aquellos que habían dejado el país se les permitió volver. Esta corta “luna de miel” entre el Gobierno egipcio y los Hermanos Musulmanes a principios de los años 70 no duró mucho. La organización se oponía a las relaciones estrechas de Sadat con Estados Unidos y a la paz que perseguía con Israel. De nuevo, el gobierno egipcio detuvo y encarceló a miembros de los Hermanos Musulmanes y finalmente Sadar fue asesinado por un grupo armado de islamistas radicales en 1981.

Desde que ocupó su cargo, el presidente Mubarak buscó un delicado equilibrio con los Hermanos Musulmanes. La organización era ilegal, pero tolerada. Se permitía a sus miembros presentarse para cargos públicos como independientes, no como miembros de los Hermanos Musulmanes. Dependiendo de las circunstancias políticas y económicas, el Gobierno ocasionalmente detenía a los dirigentes y miembros de los Hermanos Musulmanes y los liberaba después de unos cuantos meses. En las elecciones parlamentarias de 2005, los Hermanos Musulmanes consiguieron un 20 por ciento de los escaños del Parlamento, pero en 2010 no obtuvieron ni un sólo escaño debido a supuestos fraudes y a la intervención del Gobierno.

ORGANIZACIONES TERRORISTAS

El Gobierno de Estados Unidos y otros países occidentales identifican dos organizaciones terroristas actualmente activas en Egipto: Gama’a al Islamiyya y Al Jihad.

AL GAMA’AT AL ISLAMIYYA EGIPCIO

En su día el mayor grupo militante de Egipto, el Grupo Islámico fue activo a finales de los años 70, pero ahora es una red semiorganizada. Muchos de sus miembros han renunciado al terrorismo, aunque algunos han comenzado a trabajar con o se han unido a Al Qaeda. El ala extrema, compuesta principalmente por miembros exiliados en varios países, mantiene que su objetivo es derrocar al Gobierno egipcio y sustituirlo con un Estado islámico, aunque la mayoría de la dirección del grupo ha renunciado a la violencia como un medio de conseguirlo. El grupo Islámico anunció un alto el fuego en 1997 que dio lugar a una escisión en dos facciones: una, liderada por Mustafá Hamza, apoyaba el alto el fuego; la otra, liderada por Rifai Tara Musa, reclamaba una vuelta a las operaciones armadas. El Grupo Islámico anunció otro alto el fuego en marzo de 1999, pero su líder espiritual, Omar Abdel Rahman, sentenciado a cadena perpetua en enero de 1996 por su participación en el atentado contra el World Trade Center en 1993 y encarcelado en Estados Unidos, anuló su apoyo al alto el fuego en junio de 2000. El Grupo Islámico no ha perpetrado ninguna acción armada en Egipto desde el ataque de Luxor en 1997, que supuso la muerte de 58 terroristas y cuatro egipcios e hirió a decenas más.

En marzo de 2002, la dirección del Grupo Islámico en Egipto declaró el uso de la violencia equivocado y renunció a su futuro uso, dando lugar a numerosas denuncias de la dirección en el extranjero. El Gobierno siguió liberando miembros del grupo encarcelados. En agosto de 2006, Ayman al-Zauahiri anunció que el Grupo Islámico se había fusional con Al Qaeda, pero la dirección del grupo en Egipto negó rápidamente este anuncio contrario a sus esfuerzos de conciliación.

Antes del alto el fuego de 1997, el Grupo Islámico realizó ataques armados contra la seguridad egipcia y otros funcionarios del Gobierno. Después del alto el fuego, la facción liderada por Tara Musa lanzó ataques contra turistas en Egipto, en especial el ataque de Luxor de 1997. El grupo reivindicó responsabilidad por el intento de asesinato de junio de 1995 contra el presidente Mubarak en Addis Abeba, Etiopía. En su momento culminante, el Grupo Islámico probablemente mandaba un núcleo de varios miles de miembros y un número similar de partidarios. Sin embargo, la represión posterior al ataque en Luxor, el alto el fuego en 1999 y las medidas de seguridad posteriores al 11 de septiembre de 2001 y deserciones del Grupo Islámico probablemente han resultado en una sustancial disminución de lo que queda del grupo y su capacidad de realizar ataques.

AL-JIHAD

Fue liderado por Ayman al Zauahiri y ha estado activo desde los años 70. Su objetivo principal también ha sido el derrocamiento del gobierno egipcio y la creación de un Estado islámico. Los objetivos del grupo, históricamente, han sido funcionarios de alto nivel del gobierno así como intereses de Estados Unidos y de Israel en Egipto y en el extranjero. La habitual represión egipcia de miembros de Al-Jihad y las medidas de El Cairo en el sentido de una desradicalización, así como su muy exitoso programa de reconciliación dirigido a miembros de Al-Jihad encarcelados, han mermado considerablemente sus capacidades en Egipto.

Al Jihad fue responsable del asesinato en 1981 del presidente Sadat. Reivindicó su responsabilidad por los intentos de asesinato en 1993 del ministro del Interior y el primer ministro Atef Sedky. La organización no ha realizado un ataque en el interior de Egipto desde 1993 y nunca ha apuntado con éxito contra turistas extranjeros. El grupo, sin embargo, fue responsable del ataque con bomba a la embajada egipcia en Islamabad en 1995 y de un complot descubierto contra la embajada de Estados Unidos en Albania en 1988. Al-Jihad no ha cometido actos de terrorismo de forma independiente desde su fusión con Al Qaeda en 2001.

CONCLUSIÓN

El significado de Egipto como importante puntal en Oriente Medio es difícil de exagerar. Durante la mayor parte de la historia moderna de la región, El Cairo ha desempeñado un papel destacado a la hora de configurar los panoramas socioeconómicos, políticos y culturales de Oriente Medio. Esto significa que la estabilidad de Egipto no es sólo una prioridad en el orden interno, sino que lo es asimismo en el plano regional e internacional. Por ello hay tres dinámica que pueden influir en la estabilidad del país y la capacidad del Gobierno para controlar el terrorismo.

En primer lugar, a diferencia de muchas otras economías tanto en los ámbitos desarrollados como en los en desarrollo, la economía egipcia ha marchado razonablemente bien desde principios de este siglo. A pesar de ello Egipto no ha podido hacer frente al desafío de la explosión demográfica. Con más de 80 millones de personas, el número de habitantes pobres y sin empleo crece, particularmente en centros urbanos. Este es el entorno propicio para reclutar futuros terroristas.

En segundo lugar, El Cairo juega un papel activo en casi todas las cuestiones regionales incluyendo Sudán, Iraq, Líbano y, por supuesto, el conflicto árabe-israelí. Se trata de una relación recíproca. La estabilidad interior fortalecerá la influencia de Egipto para contribuir a la búsqueda de una solución justa y sostenible a la crisis en estos conflictos regionales.

En tercer lugar, El Cairo mantiene una relación estrecha con casi todas las potencias globales, particularmente Estados Unidos y la Unión Europea

La caída de Mubarak en febrero de 2011 a raíz de las manifestaciones de centenares de miles de egipcios ha sido, en parte, consecuencia del deterioro de la situación socioeconómica y en parte de la agitación y la revuelta popular en Túnez Estos acontecimientos sin precedentes subrayan el papel clave que desempeña Egipto en Oriente Medio y la medida en que un Egipto inestable es susceptible de provocar mayor inestabilidad en toda la región.

Escrito por Oscar Cruellas

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