“Ninguno comprendíamos el secreto nocturno de las pizarras

ni por qué la esfera armilar se exaltaba tan sola cuando la mirábamos.

Sólo sabíamos que una circunferencia puede no ser redonda

y que un eclipse de luna equivoca a las flores

y adelante el reloj de los pájaros.

Ninguno comprendíamos nada:

ni por qué nuestros deseos eran de tinta china

y la tarde cerraba compases para al alba abrir libros.

Sólo sabíamos que una recta, si quiere, puede ser curva o quebrada

y que las estrellas errantes son niños que ignoran la aritmética”

Desde Academia Cruellas vamos a analizar superficialmente este texto de Alberti el cual nos recuerda a un cuadro pintado por Klee o Miró. En este texto de Rafael Alberti, perteneciente a Sobre los ángeles (1927-28) corresponde a su etapa surrealista. El poema nos habla de ese mundo cerrado e incomprensible que se ofrece a los niños en la escuela, haciendo especial hincapié en la aritmética; y lo hace a través de una serie de imágenes ilógicas. El mundo de la infancia escapa de esas leyes matemáticas y científicas, y subvierte los conocimientos que se van adquiriendo.

Frente al saber racional, los niños, ángeles caídos, esgrimen otro saber genuino, mágico que tiene mucho que ver con ese paraíso perdido de la infancia. Esa dualidad articula la estructura del poema en dos bloques paralelos. Así, los versos que abren el primer enunciado -negativamente- presentan un mundo incomprensible -el secreto nocturno de las pizarras-, mientras que los que abren el segundo -éstos positivamente- describen un mundo de fantasía que define a la infancia y da cabida a lo imposible -una circunferencia puede no ser redonda-.

La utilización de la primera persona del plural en la que sitúa el sujeto poético es un acierto ya que el “nosotros” implícito nos incluye también a los lectores entre los pequeños alumnos. Ello hace que toda la lectura se llena de afectividad: nos pertenece ese recuerdo, como nos pertenece la emoción que el poema cae en nosotros lectores que un día fuimos colegiales.

En el ámbito maravilloso de la infancia las cosas tienen otro sentido, adquieren otra realidad. De ahí que todo cobre vida y aparezca personificado: las pizarras encierran un secreto, la esfera armilar se exalta bajo la mirada de los niños, as flores se equivocan, los pájaros tienen su reloj particular, la tarde cierra los compases y la recta quiere ser curva o quebrada.

Escrito por Oscar Cruellas

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