Buenos días desde Academia Cruellas, en Fraga. Hoy centramos nuestro tema en las condiciones que hicieron posible la llegada del partido nazi a las estructuras democráticas de la República de Weimar. El 30 de enero de 1933 una masa de personas se concentraban a las puertas de la Cancillería en Berlín. Aclamaban a Hitler después de haber sido investido canciller de Alemania. El nazismo había llegado al poder. No fue conducido por una riada de votos, sino más bien por medio de intrigas institucionales. 

El origen de toda esta situación se remontaba a la república de Weimar. La constitución de Weimar resultó ser tan defectuosa como inoperante. Los partidos políticos y otros poderosos grupos de presión fracasaron en resolver sus diferentes puntos de vista. La sociedad terminó despreciando a los políticos, los cuales sustituían la política por intrigas.

La Constitución de 1919 fue un instrumento democrático de gobierno, que impedía teóricamente el abuso de poder por alguno de sus componentes. Se implantó el sufragio universal y se eligió un Reichstag con la base de la representación proporcional. El Presidente era nombrado por elección popular y, a su vez, nombraba y separaba al Canciller y su gabinete y podía disolver el Reichstag. Se mantuvo la estructura federal, aunque con los poderes limitados a los estados.

En la práctica, el sistema de representación proporcional, trajo como consecuencia que no existiera un gran partido único, sino todo lo contrario, fragmentación, con lo que las coaliciones eran imprescindibles para el funcionamiento del gobierno.

Las dificultades del gobierno parlamentario, agravadas por la crisis de 1929, eran tales, que se hacían probablemente inevitables algunas modificaciones constitucionales ya que el gobierno funcionaba a través de decretos presidenciales, el artículo 48. En definitiva, el sistema parlamentario estaba bloqueado.

Con la quiebra de los diferentes gobiernos, recayó en el Presidente la responsabilidad última. Sin mayorías en el Reichstag, el único criterio posible para elegir Canciller y Ministros era su propio juicio de los méritos de éstos, así como su confianza en las posibilidades de contar con el adecuado apoyo.

Mientras el gobierno de Berlín se tambaleaba, la estructura federal de Alemania agravó, más que suavizó, las dificultades. Cada Land tenía su Landtang, que tendía a ser un microcosmos del Reichstag con todos sus defectos.

Como en cualquier democracia, existían en la Alemania de Weimar poderosos intereses implicados, cuyas funciones no eran primordialmente políticas, pero que actuaban como grupos de presión para persuadir a los políticos a que satisficieran sus necesidades. En general, estos grupos de interés eran hostiles a la Republica.

En los primeros años treinta del siglo XX, casi todos los intereses implicados en el poder estaban dispuestos a liquidar el sistema existente a cambio de uno que cumplimentara sus fines particulares. Para conseguir este propósito, la mayoría de ellos estaban prestos a servirse del nazismo ya que tenían la errónea creencia de que los nazis, una vez se les hubiera dado una parte del poder, resultarían más tratables.

La quiebra de la bolsa de Nueva York en 1929 repercutió muy pronto en Alemania en forma de crisis bancaria que acabaría afectando directamente a la industria. La consecuencia social más significativa de la crisis económica fue el alza de la tasa de paro, hasta los 6.000.000 a principios de 1932. La clase media se encontró con la perspectiva de perder su modus vivendi y descender de status social.

Lsa depresión dio a los nazis su verdadera oportunidad más que ningún otro factor considerado por sí solo. En 193o ganaron 107 escaños y en julio de 1932, 230 escaños. De ahí la buena disposición de los que ejercían el poder, para llegar a un compromiso con ellos.

Con la República en evidente fase de descomposición, los nazis podían hacerse con su oportunidad. Hitler había creído, como sólo un monomaníaco puede hacerlo, que su momento llegaría. Su lucha por el poder y la habilidad con la que el nazismo explotó y enfocó los incoherentes resentimientos de un pueblo perplejo y desilusionado, son los factores básicos para explicar la sustitución de la democracia por el totalitarismo.

Para el otoño de 1931 el gobierno democrático estaba virtualmente muerto en Alemania. El poder descansaba en Hindenburg. Todos sabían que no era posible prolongar el gobierno indefinidamente mediante un decreto de emergencia y que se imponía algún reajuste. Las recientes elecciones apuntaron que Hitler podía ofrecer un cambio, caso de ser incorporado al gobierno como socio de segunda línea. No se había comprendido la naturaleza del nazismo y se había minimizado la habilidad de su Führer. En estas circunstancias, comenzarían a intercalarse las secuencias de acontecimientos e intrigas que llevarían el nazismo al poder.

Escrito por Oscar Cruellas

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