Para los griegos, acostumbrados a tener a sus mujeres encerradas en el gineceo doméstico, las costumbres etruscas en materia sexual resultaban aberrantes. Teopompo en el libro CLIII de su Historia, nos dice que entre los tirrenos las mujeres (….) se preocupan mucho de su cuerpo y a menudo se presentan desnudas ante los hombres (…). En los banquetes no se colocan junto a su marido, sino junto a cualquiera de los presentes y brindan a la salud de quien quieren.  Eran grandes bebedoras y muy bellas.

Para los romanos, no menos estrictos con la mujer, las etruscas eran simplemente unas prostitutas. Plauto nos dice lo siguiente:”Recibirás de tu padres veinte mil talentos, para que no tengas que ganarte la dote a la moda etrusca, prostituyendo vergonzosamente tu cuerpo”

¿Hay algo de cierto en todo ello? Al parecer, un mayor grado de consideración social para las mujeres. Está totalmente descartado cualquier sistema matriarcal en Etruria, pero lo que sí es cierto, si nos fijamos en la riqueza de las tumbas y las representaciones funerarias, es que la dama etrusca vivía menos enclaustrada que la griega y la romana. Asistía a juegos y espectáculos mezclada con los hombres y, a la hora de la muerte, su ajuar era tan imponente como el de su marido.

Tal libertad, que la llevó algunas veces a tomar iniciativas políticas debía de ir unida a la propia estructura aristocrática del mundo tirreno; frente a lo que ocurre en Roma, la mujer etrusca mantiene su nombre, e incluso su apellido al casarse

 

Escrito por Oscar Cruellas

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