Los Bestiarios eran compendios en los que se acumulaban toda una serie de datos, a veces fantásticos, sobre los animales. era comúnmente admitido, por ejemplo, que el cocodrilo tenía mandíbula superior móvil. O que el castor, cuando se sentía perseguido, se cortaba él mismo los testículos; como éstos constituían la base de un medicamento preciado, el cazador dejaba huir al animal… En realidad, los testículos del castor son internos; pero esta historia presentaba la ventaja de explicar el origen del nombre de este animal (“castor” estaba relacionado con “castrado”).

El rasgo más notable es que los autores de los Bestiarios consideraban los animales como símbolos morales y religiosos. El elefante y su hembra, dada su supuesta castidad, representaban a Adán y Eva antes del pecado original. En cuanto al Gran Elefante, se identificaba con la ley hebraica; y el elefantillo simbolizaba al buen samaritano del evangelio. A partir del siglo XII se observa un retroceso de estas interpretaciones simbólicas.

Escrito por Oscar Cruellas

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