La explicación aristotélica del movimiento de los proyectiles es poco convincente y fue de hecho criticada ya en la Antigüedad. Recogiendo estas críticas, los nominalistas de París –entre los que figuraba Juan Buridano- abandonaron la explicación aristotélica, considerando que no es necesario que la causa motriz sea exterior al móvil. Según Buridiano, el movimiento del proyectil continúa porque la causa motriz (la mano) imprime al móvil un impulso o ímpetu (ímpetus) que, a su vez, actúa como causa manteniendo al proyectil en movimiento.

La importancia histórica de esta teoría, nominalista es notable. Galileo la aceptó en sus obras de juventud. En general, significa el primer enfrentamiento claro, aunque solamente parcial, a la física de Aristóteles y, en este sentido, constituye un primer paso hacia la ciencia moderna. Sin embargo, no se debe exagerar su importancia, como a menudo se hace. A menudo se dice exageradamente que en la teoría del ímpetus está implícito el principio de inercia. Esto sería así si los físicos del siglo XIV hubieran afirmado que la causa motriz exterior (la mano) imprime al móvil un cierto movimiento que continúa por sí mismo. Pero no es esto lo que en realidad afirman. Lo que afirman es que la causa exterior imprime al móvil no un movimiento, sino un ímpetus que, a su vez, actúa como causa del movimiento. Renuncian a la afirmación, al axioma, de que la causa motriz ha de ser exterior al móvil, pero continúan manteniendo la necesidad de una causa motriz que actúe constantemente mientras dure el movimiento: esa causa es el ímpetus. Para que el principio de inercia pueda ser formulado es necesario negar el principio de que todo lo que se mueve es movido por otro y, con él, negar la necesidad de una acción constante sobre el móvil mientras dura el movimiento. Esto no lo negaron los físicos del siglo XIV.

Las aportaciones de los físicos de este siglo no se limitaron a la teoría del ímpetus, sino que llegaron a ofrecer análisis sobre el movimiento uniformemente acelerado, tanto desde el punto de vista de su cálculo (Swineshead) como desde el punto de vista de su representación (Nicolás de Oresme). La carencia de un instrumento matemático adecuado fue la causa de que sus progresos resultaran relativamente limitados.

Escrito por Oscar Cruellas

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