El auge del Romanticismo coincide con el inicio del apogeo de la burguesía como clase social dirigente en la política y en la economía. Esta coincidencia cronológica permite relacionar romanticismo y burguesía y considerar que la cultura romántica es una cultura burguesa.

Como clase social, la burguesía se mueve entre dos polos contrapuestos: libertad y orden. Exige libertad para expresar sus ideas, para organizar sus negocios y para intervenir en la vida política, pero también exige orden para defender la propiedad privada y para evitar los conflictos que pueden perjudicar a sus negocios.

 

Según impere uno u otro concepto, la cultura tendrá un carácter romántico (libertad) o un carácter realista (orden), pero en realidad estos aspectos se entrecruzan y van desde un campo irracional subjetivo (qu produce el Romanticismo) hacia otro de realidad objetiva (que origina el Realismo). En líneas generales puede decirse que el impulso subjetivo romántico domina hasta bien avanzado el siglo XIX: Manzoni, Wagner, Victor Hugo, Zorrilla, figuras importantes del Romanticismo, viven hasta después de 1880.

 

Liberalismo y Romanticismo triunfan en 1830 y desde ese momento caminan juntos

También contribuyó el Romanticismo al desarrollo del nacionalismo. El sentimiento nacionalista había nacido precisamente en Alemania en torno al grupo del Sturm und Drang y podríamos relacionarlo con los orígenes del movimiento romántico. Uno de los primeros propagadores fue el filósofo Herder, quien, partiendo de sus investigaciones sobre la lengua, el arte y las canciones de los pueblos, sentó los principios de un nacionalismo más cultural que político, basado en la lengua, las tradiciones populares y la comunidad histórica.

 

En el campo literario, el nacionalismo reaviva lenguas que parecían en decadencia y produce los “renacimientos” o “risorgimentos”, mientras que en el campo político considera la necesidad de que cada nación, cada entidad histórica, constituya un Estado propio.

 

De ahí que el nacionalismo, como el Romanticismo, vaya en contra de los principios del Antiguo Régimen, por lo que el triunfo del Romanticismo origina la expansión de los fenómenos revolucionarios, tanto liberales como nacionales.

Escrito por Oscar Cruellas

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