Desde Academia Cruellas vamos a ver como a lo largo del siglo XIII la alquimia tomo un nuevo vuelo. Todo ello se debió en parte a una pérdida catastrófica. En 1204, los soldados franceses de la cuarta Cruzada ocuparon Constantinopla, y destituyeron al emperador. En medio de aquel caos, una prostituta borracha fue instalada en el trono imperial bajo la gran Cúpula de Santa Sofía. Durante el pillaje se perdieron miles de manuscritos griegos y bizantinos antiguos, entre ellos muchos que contenían conocimientos alquímicos. Todo ello dejó una gran laguna, por lo que los alquimistas del siglo XIII tuvieron que empezar de cero. El resultado fue un renacer de la alquimia.

Todo el mundo buscaba la “piedra filosofal”. Esta maravillosa sustancia, con sus resonancias místicas, sabiduría y verdad, fue descrita por el alquimista español, Arnau de Vilanova en el siglo XIV, de la siguiente forma:” Existe en la naturaleza cierta sustancia pura que, una vez descubierta y elevada por el arte a su perfección, convertirá en perfecto todo cuerpo imperfecto al que toque”. A pesar de que nadie había visto semejante piedra, fue descrita como un polvo pesado y resplandeciente que emitía un perfume celestial. Al igual que el unicornio, la piedra filosofal tenía todo tipo de cualidades sorprendentes, salvo su propia existencia. Ahora bien, para el químico del siglo XIX, Liebig :”Ni la más enaltecida imaginación del mundo pudo haber concebido una idea mejor que la piedra filosofal para inspirar las mentes y las facultades de los hombres. Sin ella, la química no sería lo que hoy es. Para descubrir que la piedra filosofal no existía, fue necesario machacar y analizar toda sustancia conocida en la tierra. Y precisamente es ahí donde reside su milagrosa influencia”.

A pesar de la charlatanería mucho alquimistas de la época eran honrados. Creían en lo que estaban haciendo. A partir de la filosofía de Aristóteles los filósofos medievales habían desarrollado la aspiración a la perfección, según la cual las piedras se convertían en rocas, y las rocas en metales. Había un proceso constante de evolución. A lo largo de los años, los metales bajos ascendían lentamente la escala de la perfección, convirtiéndose en estaño, luego en plata y posteriormente en oro. Ahora bien, semejante forma de pensar, no era tan disparatada. Al fundirlas, las menas producen metal puro y éste era un proceso simple comparado con otras transformaciones. Por tanto, estos mismos alquimistas estaban creando los cimientos teóricos de la química tal y como la conocemos. Veamos un ejemplo. El único ácido conocido por los antiguos era el ácido acético del vinagre, un ácido débil. En 1300 llegó el gran adelanto. El falso Deber descubrió el vitriolo, más conocido como ácido sulfúrico. Este fue un adelanto químico muy importante ya que transformaría el mundo. (Hasta mediados del siglo XX, el índice de desarrollo de un país se medía por el volumen de ácido sulfúrico que su industria consumía al año). Además, el falso Deber también describió como obtener ácido nítrico concentrado (aqua fortis).

Por tanto, los alquimistas daban palos de ciego y lo que descubrían era cuestiones prácticas. Sabían cómo hacer determinadas cosas, pero en realidad no sabían qué estaban haciendo.

Escrito por Oscar Cruellas

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