Desde Academia Cruellas vamos hoy a intentar reflexionar sobre que es lo que ocurre en España, y para ello tomaremos como modelo la educación. Como se aprecia en el título, en todas las instituciones públicas españolas, muchas veces potenciadas por los políticos, encontramos los mismos problemas: esclerosis cada vez más evidente, ganas de reformas, y finalmente incapacidad para realizar e incluso comprender lo que podría ser una estrategia razonable de cambio.

Para visualizar todo ello, tomaremos como ejemplo la Educación. No hay mejor ejemplo de la derrota de la inteligencia que el desorden existente en un sector clave para el futuro de la sociedad española. Como bien sabemos, la Educación está aquejada de “reformistas” desde hace al menos treinta años. Parece como si cada uno de los ministros que pasan por los gobiernos quisiera dar su nombre a una reforma que considera esencial para renovar el sistema educativo. Sin embargo, las decisiones tomadas en las altas instancias se pierden para acabar en simples medidas superficiales.

¿Por qué se quiere reformar la Educación?¿Por qué nunca se logra hacerlo? Además las inquietudes acerca de la ineficacia de nuestra educación parecen justificadas ( dificultades de comprensión y escritura, déficit matemático,…). Las familias confían cada vez menos en la escuela, los profesores y maestros tienen cada vez menos fe en su misión, los jóvenes se preguntan para qué sirven los estudios, y los prolongan tan sólo porque no consiguen encontrar trabajo, y la Administración, intentando responder a este malestar, sólo logra mantenerlo.

Aunque se dediquen a modificar los horarios semanales, modificar el estatus de la asignatura de religión, alterar los contenidos de los programas o el reparto de las materias, mejorar el estatuto del profesorado o su remuneración, la Educación parece incapaz de situarse a una distancia suficiente para reflexionar sobre la naturaleza de esta crisis de confianza y poder entablar una verdadera reforma a largo plazo.

La razón del desorden actual viene dado sobre todo por la percepción de que la escuela, nacida para acompañar al desarrollo industrial, no es ya adecuada a las necesidades educativas de una sociedad diferente de la de principios de siglo. Una sociedad que se está redituando no puede pedir a la escuela que prepare directamente a sus alumnos para este o aquel empleo. Pero si debiera exigirle que prepare seres humanos capaces de ser activos en un mundo diferente: capaces de comprender y dominar a su nivel la complejidad de las actividades y de las relaciones humanas a la que tendrán que enfrentarse; capaces de asumir la que será su libertad de elección, con sus oportunidades y sus responsabilidades, y la inestabilidad que impone esta libertad. Pero, tal como es hoy en día, la Educación es incapaz de orientar su acción hacia la eficacia personal de los individuos en este entorno cada vez más relaciónal. Le cuesta asimilar el paso de un mundo de obediencia a un modo de responsabilidad. ¿Es posible que los políticos no quieran potenciar todo esto?

Escrito por Oscar Cruellas

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