Nuestra posición ante el concepto de libertad resulta ambigua. El hombre anhela, necesita la libertad, pero, por otra parte, la teme. Y la teme refugiándose en la decisión de otros, o en grandes figuras colectivas, que cobijan y amparan esta angustia de la libertad individual. También, disolviéndose en la masa anónima.

Muy expresivamente dijo Unamuno que el hombre era cordero para el hombre, contraponiendo esta expresión suya a la tan repetida desde Hobbes, que el hombre es lobo para el hombre. Aludía Unamuno a la tendencia humana a huir de la responsabilidad e insistió cómo por esta vía, por esta claudicación de las responsabilidades colectivas, del deber humano de asumir la responsabilidad, se instauran y perpetúan los poderes absolutos. Unamuno llega entonces a decir que los tiranos eran víctimas del pueblo que los había erigido en calidad de tales. Aunque sin duda podríamos añadir que es un sacrificio que algunos asumen muy gustosamente.

Ya Hegel en su análisis de la dialéctica entre el señor y el esclavo, como forma básica de vinculación humana, señaló esta mutua dependencia que entre ambas figuras se establece y en que ambas quedan en una situación de mutua alienación.

Escrito por Oscar Cruellas

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