Desde Academia Cruellas hoy comentamos el recorrido vital de una de los pintores más importantes del siglo XVIII. Este es sin duda Goya. Francisco de Goya y Lucientes nació el 30 de marzo de 1746 en Fuendetodos, una villa de Aragón. De su infancia y juventud se sabe poco. Después de un periplo que lo llevó a Roma y de vuelta a Zaragoza, en octubre de 1771 recibió el encargo de pintar unos frescos en la cúpula de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza.  Posteriormente se casó, y se instaló en Madrid. Una vez allí empezó a trabajar en la Corte. Empezó con unos cartones para tapices destinados a decorar las fastuosas salas de las residencias reales.

En 1780 presentó en la Academia de San Fernando el Cristo Crucificado y fue elegido académico. En 1786 fue nombrado pintor del rey. Durante este periodo llevó a cabo trabajos en tapices y sobre todo retratos, que se disputaban las familias más ricas de España. Con la muerte del rey, Carlos III, en 1788 despareció la época más feliz de Goya.

Los acontecimientos revolucionarios de Francia afectaron a España y el nuevo rey, Carlos IV, reprimió cualquier manifestación liberal.  En 1792 Goya se quedó sordo debido a una grave enfermedad.  A partir de allí es cuando empezaron sus pesadillas. Comenzaron a surgirle los sentimientos más angustiosos, más opresivos. Busco el refugió en el trabajo y en el amor. Aunque en este último apartado, también fue un amor atormentado.

¿Por qué fue un amor atormentado? Ella era la Duquesa de Alba, una de las personas más influyentes de la Corte española. Era 16 años más joven que él y pertenecían a diferentes clases sociales. Ella fue, probablemente, la que le pidió que pintara la Maja, aunque seguramente no fue ella la modelo como se ha dicho algunas veces. Goya pintó dos “majas”: la Maja vestida y la Maja desnuda. Esta última es junto a la Venus de Velázquez y la Olympia de Manet, es uno de los desnudos más fascinantes de la historia del arte.

De 1792 a 1799 Goya realizó los Caprichos. Son 80 grabados de temas satíricos. Con estos grabados pretendía poner en tela de juicio la sociedad de su tiempo, corrompida y llena de prejuicios. Además de intolerante y supersticiosa.

En 1808, sufrió una nueva crisis. Esta vez no era solo una crisis individual sino histórica. Las causas las podemos encontrar en la crisis del Antiguo Régimen y en la invasión napoleónica. De esta época sobresalen dos pinturas geniales: El Coloso y los Fusilamientos en la Moncloa. En este último no solo son fusilados unos rebeldes, sino que de alguna forma toda la humanidad se siente afectada. Estos fusilamientos serán repetidos por Manet en “El fusilamiento del Emperador Maximiliano” y por Picasso en “Masacre en Corea”.

En 1824 se vio obligado a escapar a Francia a causa de la persecución iniciada por Fernando VII y allí se reunió con Leocadia Weiss y su hija Rosario. A pesar de todo, siguió pintando hasta que murió la noche del 15 al 16 de abril de 1828.

Escrito por Oscar Cruellas

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