A principios del siglo XX, cuando llegan a Palestina los primeros colonos judíos, el territorio estaba bajo dominio turco y tenía unos 550.000 habitantes. En este momento los palestinos árabes representaban el 82 por ciento de la población, los árabes cristianos el 12, los judíos autóctonos y recién inmigrados el 5 y los extranjeros constituían el 1 por ciento. Palestina vivía de la agricultura, de sus puertos (Haifa, Jafa) y del sector servicios (turismo y comercio). El 70 por ciento de los palestinos vivía en zonas rurales y el 30 por ciento se concentraba en pequeñas ciudades como Jerusalén, Nablús, Hebrón, Nazaret, etc. Ahora bien, la sociedad vivía al ritmo de las rivalidades de las grandes familias latifundistas (los Nashashibi, Khalidi, Husseini, etc) que compartían el poder político o simbólico en este territorio exiguo.

A finales del XIX surge en Europa el sionismo impulsado por Herzl con la idea de crear en Palestina un “estado de los judíos”. Este objetivo somete a la sociedad palestina a su primer desafío existencial: resistir a un movimiento colonial que se proponía construir un Estado-nación judío étnicamente homogéneo en el espacio palestino, donde el 94 por ciento de la población era árabe. ¿Cómo podía llevarse a cabo dicha transformación? Con la creación de una comunidad separatista judía conexionada por creencias religiosas, con la instrumentalización de conceptos como el retorno a la tierra de Israel” y “el derecho primordial del pueblo elegido”. Así, los cimientos ideológicos del sionismo se fundamentan sobre una idea simple: la ocupación del espacio palestino es una condición sine qua non para realizar la utopía sionista. No buscaban la explotación de una mano de obra barata y abundante a beneficio de una metrópoli externa, sino que aspiraban un territorio vaciado de sus habitantes para instaurar el Estado judío.

El espacio era el objetivo fundamental de la ideología sionista. De hecho, todo el proyecto sionista se inscribe en un proyecto “espacial”, es decir, transformar un espacio poblado mayoritariamente por palestinos árabes en un espacio poblado mayoritariamente por colonos judios. Pero, ¿no se temía la oposición de los palestinos autóctonos? De hecho, no se tenían en cuenta. Para el sionismo Palestina era una “tierra vacía” y no observaban a sus habitantes como un conjunto social. Para ellos la historia de Palestina se limita al período bíblico y al inicio del sionismo, como si la historia se hubiera detenido entre el año 70 y 1897. Y entre estas dos fechas la nada Así inventan el famoso eslogan de 1904: “Dar una tierra sin pueblo (Palestina) a un pueblo sin tierra (los judíos).

Escrito por Oscar Cruellas

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